24 horas salvajes

Para algunos animales, 24 horas es un abrir y cerrar de ojos, para otros es toda una vida, pero para cada criatura hay un momento del día al que deben enfrentarse para sobrevivir.
Los sábados a partir del 6 de octubre en #0 de Movistar+

El sol marca la existencia de los seres vivos. Veremos cómo el ciclo solar afecta el comportamiento de animales y plantas en diferentes entornos: de las praderas de la dehesa africana a los desiertos de África del sur y Norteamérica para acabar en las selvas tropicales de Costa Rica y el sureste de Asia. Gracias a las últimas técnicas de filmación –cámaras de visión nocturna, slow motion, time lapse- compartiremos 24 horas en la vida de diferentes especies salvajes.

Cada animal tiene un momento álgido del día. Algunos cobran vida al alba, como los madrugadores colibríes de Ecuador que se calientan con los primeros rayos de sol; otros deben esperar al calor del mediodía para comenzar a activarse como los perezosos que habitan las selvas de América Central y otros han evolucionado para prosperar en la oscuridad de la noche, como los leones de la sabana africana, animales con una visión nocturna ocho veces más aguda que la nuestra. A través de sus historias seremos testigos, hora a hora, del ritmo de la naturaleza.

EPISODIO 1: Praderas Las praderas africanas, un paisaje gigante, controlado por una sola cosa: el sol. Cada día, cuando sale, su calor da vida a las llanuras y los gigantes de África comienzan a moverse. Mientras que las musarañas elefante se pasan todo el día cazando, los leones prefieren hacerlo al anochecer. Estos grandes felinos son nocturnos y pasan hasta veinte horas al día durmiendo a menos que tengan cachorros. Si el sol se esconde y aparecen las nubes, la actividad cesa en las praderas. Es el momento de los pangolines, este curioso animal aprovecha el mal tiempo para escarbar en la tierra mojada en busca de hormigas, su mayor fuente de energía. A lo largo del día pueden consumir una media de ciento noventa mil insectos que cazan con su puntiaguda y pegajosa lengua que puede alcanzar los cuarenta centímetros.

EPISODIO 2: Desiertos En los desiertos de mundo, el ritmo vital está controlado por una sola cosa: el sol. Cuando se pone, las temperaturas pueden caer en picado hasta los cuarenta grados bajo cero. Y cuando está en lo más alto, la temperatura llega hasta los sesenta grados centígrados. Para sobrevivir, la vida debe funcionar como un reloj. El amanecer es hora punta. Por las mañanas, los animales se apresuran antes de que haga demasiado calor. Pero hay un habitante del desierto que necesita el sol más que la mayoría. En el desierto del Namib, el camaleón de Namaqua precisa cargarse del calor del sol antes de ponerse a cazar. Los elefantes hacen todo lo contrario, para protegerse del astro rey toman baños de tierra. Estos ingeniosos gigantes usan la arena como protector solar.

EPISODIO 3: Junglas Más de la mitad de las especies de la Tierra viven en la selva, lo que hace que este sea el hábitat más animado y ruidoso de la naturaleza. Mientras los animales se apresuran para empezar el día, en los bosques nubosos de Ecuador, hay un residente que necesita que salga el sol para ponerse en marcha: el colibrí. Por su tamaño, es el ave más rápida del planeta, pero antes del amanecer es una de las más lentas. Durante la noche, estas diminutas aves se apagan, entran en un estado de letargo para sobrevivir al frío nocturno y cuando las temperaturas aumentan, vuelven a la vida. La humedad en las selvas del planeta puede aumentar a más del 90%. Para muchos animales es la hora de la siesta. Pero en las selvas de América Central, un habitante de las cimas de los árboles empieza a moverse cuando llega el calor: un perezoso de tres dedos, un escalador que se activa con energía solar.

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