Federico Pinto

Edad: 52. Profesión: Empresario. Relación con Rebeca: Marido

 

Federico Pinto

Federico Pinto

Datos biográficos: Federico procede de orígenes humildes aunque esto es algo que oculta siempre que puede. Nació y se crió en el barrio de Moratalaz, donde sus padres eran dueños de una pescadería en el mercado municipal de La Cañada. Fede ayudaba allí por las tardes después del colegio. Su padre, Paco, le dio mucha importancia a que sus hijos (Fede y Maria del Mar) recibieran la mejor educación posible, por lo que mandó a ambos al Instituto Británico. Esto tuvo el doble efecto de dar a los niños una educación de muy buena calidad, pero también que sintieran las diferencias de clase con respecto a sus compañeros. Federico desarrolló sentimientos de inferioridad que compensaba siendo el más seductor y encantador de todos.

Aunque pasaba mucho tiempo en casa de sus amigos, nunca invitaba a éstos a su casa; y con la edad aprendió a disimular la verdad sobre sus orígenes. Si alguien le preguntaba qué hacía su padre él contestaba que tenía un negocio de distribución de mariscos. Fue a través de sus amistades del colegio en la infancia, que tuvo acceso a lugares como el Club Hípico, a los que iba como invitado de sus amigos, ya que su familia jamás se lo habría podido permitir. Esto más tarde en su carrera sería tremendamente útil, ya que su cara y nombre eran reconocibles por personas que le interesaban como contactos.

Federico estudió Empresariales y a mitad de carrera entró en el negocio que montó el padre de un antiguo compañero del colegio, Carlos Soria, una pequeña empresa consultora (Sunny Side Up) que ayudaba a empresarios extranjeros que querían invertir en España. El don de gentes y perfecto manejo del inglés de Federico era muy útil. Mientras estaba trabajando para Sunny Side Up Federico conoció a Rebeca en el Club Puerta de Hierro, un día que había llevado a clientes a jugar al golf. Les presentó un amigo común. Federico, que seducía en piloto automático, enseguida despertó el interés de Rebeca. Hasta entonces los intentos de Federico de conseguir una novia seria dentro de los ambientes en los que se movía no habían dado muy buen resultado. Había algo en la manera calculadora y excesivamente perfecta y encantadora con que trataba a todo el mundo que hacía que las chicas se deslumbraran con él inicialmente, pero perdieran el interés a la larga.

A Rebeca, sin embargo, fue esta actitud excesivamente calculadora lo que le llevó a decidir que deberían ser pareja. Federico cumplía todos los requisitos de imagen (guapo, con carrera prometedora, encantador) que ella necesitaba para sentirse segura. Un chico digno de ser su acompañante y que claramente la necesitaba a ella y a los contactos de su familia más que ella a él. Iniciaron un noviazgo en el que él cumplía con rigor, y de cara a la galería, todos los hitos románticos que pudieran despertar la admiración de los padres de ella y la envidia de sus amigas. Él se ganaba fama de encantador y ella de suertuda. En la relación, sin embargo, pronto quedó claro que mientras Fede mantuviera las apariencias y nunca jamás hiciera nada que pudiera humillarla en público, él podía hacer lo que le diera la gana. De hecho Rebeca prefería si cuando se veían él ya venía “desahogado y duchado”.

Al principio Fede se llevó una decepción. Fantaseaba con la idea de estar enamorado y de despertar el mismo sentimiento en otra persona. Pero, pronto se dio cuenta de que el tipo de relación que le proponía Rebeca le convenía mucho más, y que el interés común era una base mucho más solida sobre la que construir un matrimonio que la pasión pasajera. Federico le pidió a Rebeca que se casara con él, en público, durante la final del torneo de polo de La Copa Memorial de S.M. el Rey D. Alfonso XIII. Ella dijo que sí, haciendo grandes demostraciones de estar sorprendida y avergonzada de que él hubiera elegido semejante momento. Nadie, excepto ellos dos, supo jamás que había sido ella quien le indicó exactamente cómo y cuándo tendría que hacer la propuesta. Los padres de Rebeca, conectadísimos entre la élite política, pronto empezaron a traerle grandes ventajas a Federico. Sus clientes de Sunny Side Up a menudo necesitaban que se acelerasen los procesos burocráticos, y de repente Fede se encontraba en la posición de poder hablar con las personas a cargo de dicho proceso. Su primer soborno a un cargo público ocurrió casi sin querer: Fede invitó a una cena en un restaurante de lujo a un amigo del padre de Rebeca, que resultó ser el concejal de urbanización de una población donde uno de sus clientes necesitaba un permiso que se estaba retrasando. El lunes siguiente el permiso se concedió inesperadamente.

Este fue un momento clave para Federico porque cayó en la cuenta de que podía explotar contactos de un lado y de otro para facilitar los procesos a sus clientes mucho más aún de lo que pensaba. Al principio él tan solo facilitaba. Le dejaba saber a sus clientes que había que pagar extra, y quién era la persona adecuada a sobornar. Pero, al cabo de un tiempo decidió empezar a cobrar una pequeña comisión antes de entregar la cantidad acordada, y poco después empezó a cobrar un porcentaje a ambos participantes de la transacción. Si un cliente quería montar un negocio en una población en la que él no tenía contactos, sobornaba a otro consultor para que dijeran que el negocio tendría éxito garantizado en una de las poblaciones en las que Federico sí tenía contactos. A partir de ahí fue todo rodado. Federico se independizó de su socio de Sunny Side Up y empezó a montar negocios varios a través de los cuales hacía alguna actividades legítimas y muchas ilegítimas. Tiempos de bonanza.

En el presente, la relación con Rebeca es cada vez más distante, aunque siempre hace lo posible por tenerla contenta. No se olvida de que su posición social se la debe en gran parte a ella. Sin embargo, con el tiempo no puede evitar que su falta de interés y el aburrimiento que su mujer le despierta sea cada vez más obvio. Rebeca, a ratos echando de menos al solícito Federico de los principios de su relación, periódicamente le recrimina que ya no pase tiempo con ella, que no muestre interés en lo que hace… pero habla desde un lugar de hastío, ya que nunca ha sentido pasión por él. Ella sola se aburre de echarle cosas en cara y cambia de tema al cabo de unos días.

 

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